31.10.02

ROCÍO MADRID ENTRA A FORMAR PARTE DEL SELECTO GRUPO DE MARCIANOS



Rocio Madrid

Rocío Madrid es belleza y es simpatía. Todo en uno. Su despampanante presencia no ha pasado desapercibida y ya ha empezado a conquistar corazones a diestro y siniestro (tiene hasta un club de fans). Ahora, de la mano de Sardá, entra a formar parte del selecto grupo de marcianos que dirigen las noches televisivas de este país.

Pero esta malagueña de ojos negros y sonrisa perfecta no acaba de caer del cielo. De entrada saltó a la palestra hace unos meses cuando fue la ganadora del casting de presentadores de Operación Triunfo.

Rocío Madrid seguía así con una carrera que empezó hace ya seis años, cuando acababa de cumplir los 18 y decidió hacer las maletas para irse de su Málaga natal hacia Madrid. En la capital, Rocío compaginó su trabajo como modelo con estudios de interpretación, música y danza.

Pronto trabajó en series como "Querido Maestro" junto a Imanol Arias y protagonizó cortometrajes como "Comienzo" del joven director malagueño Ezequiel Montes.

Pero el gran salto de Rocío Madrid llegó en marzo de 2002, cuando se presentó al casting de presentadores de Canal Operación Triunfo. Tras superar diversas pruebas, Rocío resultó elegida entre más de 15.000 aspirantes.

Desde entonces ha sido la reportera del Canal OT acompañando a los Chenoa, Rosa, Bisbal, Bustamante y compañía durante la gira de verano de 2002.

En Crónicas Marcianas participará cada noche en los distintos debates del programa, además de ofrecer a los espectadores reportajes y vídeos. Buen humor con el sensualísimo toque de Rocío Madrid. Una mezcla explosiva. Tanto en Marte como en la Tierra. Temblad marcianos. Y temblad terrícolas.

(PORTALMIX – Octubre 2002)

27.10.02

BORIS IZAGUIRRE: "LA TELE ES EL ARMA DE SEDUCCIÓN MÁS GIGANTE QUE EXISTE"



Boris Izaguirre, el "showman" de moda en la pequeña pantalla, aún tiene tiempo para escribir. Estos días aparece en las librerías "1965" (Espasa), su tercera novela tras "El vuelo de los avestruces" (1991) y "Azul petróleo" (1998), a las que se suman los ensayos "Morir de glamour" (2000) y "Verdades alteradas" (2001), que gozaron de una espectacular acogida. En esta ocasión el tema elegido es el final de la juventud, narrado a través de tres amigos nacidos el mismo día del mismo año.

- "1965" es el nombre de la nueva novela y también la fecha de su nacimiento.

- Sí. A los 37 años dejas de ser joven, o ese joven que la sociedad de consumo quiere vendernos. Los tres protagonistas, Andrés, Rodrigo y Daniel, creen que la respuesta a dejar la juventud es convertirse en generación, una generación de debe de tener un cierto peso en ellos mismos en y la nueva sociedad. Que eso sea verdad o no se desvela en la novela.

- ¿Alguno de ellos se parece a usted?

- He sido muy honesto y bastante provocador. El título es el año de mi fecha de nacimiento y la portada es una fotografía mía de pequeño.

- ¿No es eso demasiado narcista? Se trata de una novela.

- Cada uno que se haga sus propias preguntas y respuestas. He aprendido de mis otros libros a jugar con el lector. Y afortunadamente, a estas alturas de mi vida, sí puedo decir que yo escribo para un lector determinado.

- ¿Qué le interesa más de escribir?

- Sobre todo, contar una buena historia. En este caso me he metido en tres, la de los protagonista. Pero como escritor nunca he tenido preguntas trascendentes que hacerme a la hora de sentarme a escribir. He procurado tener disciplina, eliminar lo que sobra y a medida que uno va escribiendo el ruido se transforma en música. Más adelante buscaré una sinfonía. Creo que un libro siempre va haciendo al siguiente. Pero no escribo por una idea trascendental.

- ¿Qué le llena más, escribir o hacer televisión?

- Podría decir con sinceridad que una parte llena unas cosas y la otra llena otras. Y en ese equilibrio me mantengo.

- ¿Cuáles son las claves de su éxito televisivo?

- No preguntármelas mucho. Aunque la verdad es que este año sí estoy más dispuesto a hacerlo. Pero al principio me negaba.

- ¿Por qué?

- Pensaba que no es buena idea. Las cosas, mientras estás montado en ellas, lo mejor es seguir sin plantearse cuál es la esquina siguiente. Jamás me he planteado a dónde voy a llegar. No diría que he sido muy valiente, pero sí práctico. Disciplina

- Pero alguna fórmula tendrá, ¿Quizá la improvisación, o la osadía?

- A estas alturas, sobre todo mucha disciplina. He jugado con muchos riesgos y a veces he tenido la sensación de que podían volverse contra mí. Y me he dado cuenta de que la única manera que uno puede controlar eso es aplicándose una fortísima disciplina. Y he descubierto la puntualidad, que me tiene fascinado. También lo veo en otras personas que tengo la suerte de frecuentar y que veo que son organizadísimas.

- ¿Javier Sardá, por ejemplo?

- O Isabel Preysler. Me encanta que diga que hace listas para todo. Desde que lo leí pensé "tiene toda la razón" y me paso haciendo listas todo el día. Siempre he sido organizado, aunque la popularidad, que es la cara más banal del éxito, muchas veces logra descentrarte. Volver a retroceder es un ejercicio increíble.

- ¿Qué espera de la novela?

- Como me decía mi mamá, es como un hijo buscado. Está hecho con mucho afecto. Pero no lo sé. Ya he tenido un éxito editorial, que fue "Morir de glamour" y realmente ése no fue buscado. Ahora estoy bastante inquieto. Deseo que la novela tenga buena vida, porque además es muy cinematográfica.

- ¿Le gustaría verla plasmada en la gran pantalla?

- Creo que todo el mundo que escribe hoy en día lo hace con una cierta relación cinematográfica. El libro es muy romántico en el sentido de lo desesperanzado, de lo resquebrajado que al final termina siendo el héroe romántico.

- ¿Quién debe más a quién, Boris Izaguirre a Javier Sardá o viceversa?

- No lo sé, en el fondo todos le debemos a Javier. No hay que olvidar que siempre es capaz de sorprender con alguien nuevo. Y para uno es muy difícil sorprenderse con algo nuevo de uno mismo. Su poder es que es un gran director. Él es el director y nosotros somos un poco sus Marlene Dietrich. Y está bien así.

- Es usted es uno de los pilares de "Crónicas Marcianas".

- También lo es Carlos Latre. Creo que los tres lo hemos ido aprendiendo, aunque no hemos estado solos.

(COLPISA – 27 Octubre 2002)

25.10.02

COTO MATAMOROS: “A SARDÁ LE DOY LOS MAYORES ÍNDICES DE AUDIENCIA"



Coto Matamoros

Coto Matamoros dice que su jefe, Javier Sardá, le da libertad absoluta para expresarse. Se ha convertido en un contertulio imprescindible de "Crónicas marcianas". Vuelve a Marte con la seguridad de haber creado un personaje que arrasa.

A Coto Matamoros le parecen absurdas las críticas sobre el nivel de transgresión de Crónicas marcianas: “Deberíamos preocuparnos más de la masacre que se prepara en Irak que del porno”, afirma el tertuliano.

- Sardá ha vuelto a apostar por usted, ¿por qué cree que lo ha hecho?

- Seguramente porque le doy los mayores índices de audiencia del programa. De eso somos conscientes yo y el que me paga, o sea, él.

- ¿Ha cogido fuerzas estas vacaciones y viene dispuesto a todo?

- A mí no me queda nada por provocar. Yo hablo desde la perspectiva radical de un personaje como el mío, y ya está. Si te das cuenta, Crónicas marcianas va modificando el curso de la televisión. El nivel de transgresión que aumentamos cada noche se ve luego reflejado a lo largo de todo el día en el resto de la programación.

¿Le parecen justificadas las críticas que se han vertido sobre Sardá por emitir imágenes subidas de tono?

- Me parece una indecencia moral que quien critique el porno sea la gente, los medios, que venden porno todos los fines de semana y las 24 horas del día en ppv (pago por visión).

- Entonces, ¿piensa seguir en la misma línea?

- Que a estas alturas nos moleste que salga en televisión un hombre y una mujer practicando un coito anal y no nos asustemos de temas como la masacre que se está preparando en Irak, a mí me hace llevarme las manos a la cabeza y a plantearme muchas cosas del ser humano.

- ¿Es cierto que Jesús Mariñas no ha aceptado colaborar en el programa porque no quería compartir mesa con usted?

- Jesús Mariñas y yo somos íntimos amigos desde hace mucho tiempo. Jesús con quien no quería compartir la mesa del programa era con Enrique del Pozo.

- Supongo que usted eso lo comprenderá perfectamente...

- Por supuesto. Si yo tuviera el dinero que tiene Mariñas no compartiría nunca un programa con Enrique del Pozo. Si lo hago es por necesidad económica.

- ¿Qué le diría a las personas que creen que todo es un montaje y piensan que se llevan bien?

- Cada uno tiene la libertad de creerse lo que quiera. Pero, también pienso que un montaje se notaría y no aguantaría tanto tiempo en la televisión. Además, tampoco se generarían tantos odios y querellas como se han puesto en esa mesa.

- ¿No hay un exceso de prensa del corazón en televisión?

- La prensa rosa refleja las apetencias del público. Ya han quedado lejos los tiempos en los que se alababa al famoso, ahora también se le odia. Nadie en su sano juicio puede poner como ejemplo de nada a Mar Flores, Antonio David o a Rociíto.

- ¿A qué cree que es debida su popularidad entre la juventud?

- La gente joven esta harta de que les traten como a tontos y cuando alguien les plantea las cosas con seriedad, bueno, con seriedad no, que yo carezco de ella, pero si te muestras tal y como eres, pues lo agradecen.

- ¿Con la edad se le suavizará el carácter?

- La vejez refleja nuestra sabiduría y la verdadera belleza de una persona se ve cuando la miras a los ojos, a la cara, y ves en ella las huellas que ha ido dejando la vida.

- ¿Coto Matamoros cree en la existencia de la media naranja?

- Mi pareja es un amor con mayúsculas. Llevo dos años y medio con ella y ¿por qué no va a ser para toda la vida? Hasta que dure.

- ¿Va a sacar un disco?

- Si todo va bien, como va, en marzo estará en la calle

- ¿Ha compuesto las canciones?

- Los temas los he escrito yo y las composiciones las han hecho unos buenos músicos.

- ¿Qué emociona a Coto?

- Meter un gol a Ronaldo, eso sí que es emocionante.

Ver foto de Coto Matamoros

(SUPERTELE – Octubre 2002)

20.10.02

DEL POZO Y MATAMOROS, EXPULSADOS DE CRÓNICAS



Nunca la llamada «mesa del corazón» de Crónicas marcianas había durado tan poco. Apenas 10 minutos de emisión que obligaron a Sardá a ir a publicidad y regresar, tras la pausa, con otros contertulios. El programa acababa de empezar, pero los insultos y descalificaciones personales entre los invitados impedían avanzar en los contenidos previstos.

Primero fue la gresca entre Antonio David Flores y Enrique del Pozo, a quien el ex guadia civil sólo le provoca «asco y vómitos».Pero fue la intervención de Coto Matamoros la que elevó el discurso intelectual con exclamaciones de «mamona» o «cómeme la p.» dirigidas al ex cantante, que gritaba que en el programa sólo tenían credibilidad los delincuentes.

Fue la gota que colmó el vaso y que obligó al presentador a prescindir, por esta semana, de una sección que apenas le reporta puntos en audiencia, pero sí las mayores críticas en cuanto a su dudosa calidad televisiva. Y es que, a pesar de llevar casi dos semanas sin que estos contertulios aparecieran en antena, Crónicas ha seguido registrando cuotas de pantalla superiores al 30%. Quedó claro que son prescindibles, pero también que, por una noche, Sardá temió ser devorado por los monstruos que ha creado. Menudas fieras...

(Romualdo Izquierdo – EL MUNDO – 20 Octubre 2002)

15.10.02

COTO MATAMOROS Y CRISTIANOS



Coto Matamoros

Por su fornido aspecto de matón arrabalero y su reluciente cabeza rapada, Coto Matamoros bien podría haber sido uno de los esclavos que combate en el Coliseo de Roma junto a Russell Crowe en Gladiator.

También podría encajar perfectamente en el papel del siniestro verdugo que se dedica a decapitar acusados de brujería, traición o adulterio en las viejas películas de capa y espada. Coto Matamoros, sin embargo, se ha tenido que conformar con interpretar el personaje de agresivo tertuliano en Crónicas marcianas, un programa que se parece cada vez más a un circo romano, pero también a un patíbulo desde dónde se descabezan famosos sin misericordia.

Junto al cada vez más vociferante conde Lequio, Matamoros ha sido uno de los encargados de elevar la temperatura dialéctica del programa de Javier Sardá hasta convertirlo en una gallera tercermundista. O en un gallinero. Al parecer, los dos millonarios productores de Crónicas Marcianas, juglares irreverentes en sus tiempos de La Trinca, están empeñados en reproducir en España las tumultuosas grescas de chabola del reality show que conduce la peruana Laura Bozzo, pero con personajes de más alcurnia. Buen ejemplo de ello ha sido el largo culebrón de malos tratos protagonizado por Carmina Ordóñez.

Precisamente, en este morboso episodio, a medio camino entre la prensa rosa y la página de sucesos, Coto Matamoros ha jugado un papel trascendente al destapar el caso y erigirse luego en fiel escudero de la maltratada dama. En un programa de características distintas, Matamoros hubiese sido despedido inmediatamente por tan escandalosa revelación, pero en Crónicas marcianas ha conseguido consolidarse como el tertuliano canalla yblasfemo. De paso, ha contribuido a que su amiga Carmina supere el bache psicológico de los malos tratos con el analgésico efecto de las exclusivas.

Orgulloso de su reluciente calva, Matamoros alardea también de no tener pelos en la lengua. Más bien tiene pinchos y escamas, como lo demostró en su virulento enfrentamiento verbal con Carlos Navarro, el ex concursante de Gran Hermano. La reyerta recuperó la ya olvidada lucha de clases: el macarrilla charnego contra el señorito madrileño de vida disipada. Pese a las diferencias de abolengo, ambos coincidieron en el improperio testicular. No deja de ser irónico que Carlos Navarro intentase descalificar a Matamoros llamándole Mister Proper, teniendo en cuenta que su oponente no es precisamente un producto de limpieza. Tanta agresividad, sin embargo, resultó sospechosa, pues recordaba más a las amañadas peleas de la lucha libre.

Preocupado tal vez por los malos modos de su contertulio, Javier Sardá intentó limpiar y desinfectar la imagen de Matamoros con una entrevista de interés humano que olía a lejía o a Mister Proper. Como si estuviese en un confesionario, el tertuliano canalla recordó los años de colegio, la adolescencia alocada, los primeros trapicheos, los problemas con las drogas, el paso por la cárcel y la transformación en un hombre nuevo. Moralizó sin aspavientos y con una cierta sorna. Con semejante acto de contrición y sincero propósito de enmienda, los espectadores descubrieron que el chulo facineroso y gritón era en realidad un ogro bueno, un ser humano con un corazón de oro que en su prolongada juventud cometió ciertos pecadillos veniales. No fue la única operación de limpieza. Semanas más tarde, Manel Fuentes le repitió a Matamoros el mismo cuestionario en su programa del domingo y no hubo variación en las respuestas. Otra vez, la misma moraleja: no a las drogas y la cárcel es muy dura.

Redimido ya ante la audiencia televisiva, Coto Matamoros sigue saltando a la arena de Crónicas marcianas para alzar la voz, soltar cuatro improperios castizos y amenazar a quien se le ponga por delante en los tumultuosos debates que conduce Sardá. Ya sabemos, sin embargo, que el ogro bueno despelleja a los famosos con un noble afán justiciero, como si fuese Robin Hood. Por si fuera poco, en una entrevista reciente Matamoros se ha declarado comunista. Sin duda, una declaración cargada de idealismo, pero un tanto anacrónica, teniendo en cuenta la hoja de servicios del personaje.

(Lucas Soler - LA REVISTA - Octubre 2002)

8.10.02

MARTÍ GALINDO YA NO INTEGRA LA TRIPULACIÓN DE SARDÀ, PERO DEFIENDE A RABIAR EL MODELO 'MARCIANO'



EL RECUERDO
"Sentado en un banco del colegio, me pregunté: '¿No voy a crecer?' Pero me sentía bien y no le di importancia"

LA DIFERENCIA
"Tras dos temporadas de teatro, te pueden ver dos millones de espectadores. ¡Yo los he tenido en una noche!"

Galindo está triste. Se ha caído del planeta Sardà y no se acostumbra al espacio exterior. De noche, en su casa, el veterano actor se sienta ante un televisor al que sólo le falta el turbo y observa a los marcianos con el ojo emocionado de un Galileo frente a la bóveda celeste.

- ¿Qué ha pasado?

- Sardà quería cambiar las cosas. Y las cambió. Pero no hay mal rollo, ¿eh? Siempre he dicho que trabajar con Sardà es trabajar con la Inteligencia. Me sabe mal, claro. Cuando me dijeron que no estaría más, sentí algo parecido a lo que se siente el último día de una representación teatral, que es un día en el que se llora.

- ¿Tanto le ha gustado?

- Será la edad, pero cada vez me cuesta más aprender los papeles. En Crónicas tenía una entrada y una salida, y lo demás era el pan y el queso que le poníamos... Era algo inmediato, pero sin nervio. El primer día que empecé, el 8 de septiembre de 1997, estaba en el túnel tan tranquilo.

- Empezó como ideólogo, frenando la ordinariez. Ahora las cosas...

- ¡Sardà es diferente! La diferencia entre su mesa y los tómbola de turno es que él desmitifica. Y no se ríe de los personajes, deja que ellos se retraten... Yo en la telebasura no creo.

- ¿No?

- Telebasura es mentir en los telediarios. Telebasura es esos reality show a lo bruto que preguntan: "¿Qué sintió cuando le cortaban la pierna?" Pero la coña , ¿qué mal hace?


- Enseñar el trasero entra dentro de lo razonable, entonces.

- Me gustaba más lo que hacíamos al principio, como el Mariano's family por ejemplo. Pero hay un dato incontestable. Entonces alcanzábamos un 25% de audiencia, mientras que al final de la penúltima temporada, coincidiendo con Gran hermano, rozamos el 65% de media. ¡El 65%!


- En esa época usted ya hacía de hombre anuncio, ¿no?

- ¿Se refiere a que salía de Livingstone con el cazamariposas? ¡Lo cobraba aparte!

- ¡Todo un actor con 47 años de profesión como usted!

- Nicole Kidman también sale promocionando unos almacenes, ¿no?

- ¿Temió no ser lo suficientemente gracioso, audaz, iconoclasta?

- No. Veía la respuesta inmediata del público del plató. Me gritaban "Galindo, Galindo" sin que el animador diera señal alguna. Y por la calle nadie me ha dicho que no le gustara.

- Ahora gustan los exconcursantes. ¿Qué le parece?

- Prefería cuando los famosos eran Fernando Fernán-Gómez, Grace Kelly... Pero es lo que vende.

- ¿Vender lo justifica todo?

- No. Pero ¿quién le pone el cascabel al gato? Lo más fuerte es que las televisiones públicas, que antes apostaban por espacios como Estudio 1, se han apuntado al carro del corazón y el concurso. Cuando sólo había dos cadenas, intentaban dar cosas distintas, no contraprogramaban. Así que no hay mucho donde elegir.

- Elija un momento de su vida.

- Crónicas marcianas.

En teatro, tras dos temporadas triunfales, te pueden llegar a ver dos millones de espectadores. ¡Yo los he tenido en una noche! Y la gente me ha llegado a rodear en La Rambla, tuve que cambiarme el teléfono, incluso aprendí una técnica para ir por la calle...

- ¿Una técnica dice?

- (Ríe) ¡Es evidente que no me serviría de mucho disfrazarme! Así que ando deprisita y soy amable sin pararme demasiado.

- Un regalo para la vanidad.

- Todo el mundo la tiene. Pero los actores -y yo más- somos muy puñeteros. Nunca nos encontramos todo lo bien que desearíamos... Aunque nunca he querido compadecerme. Ni siquiera cuando a los 7 años supe que no crecería más.

- Un momento duro.

- Me recuerdo sentado en un banco de piedra del colegio, preguntándome: "¿No voy a crecer?" Pero yo me sentía bien y no le di la mayor importancia. Nunca se la he dado, porque me veo igual que los demás. Sé que no puedo hacer según qué papeles, pero creo que Sardà me habría llamado si hubiera medido 1,80.

- ¿Jamás se ha sentido utilizado?

- No. Y eso que durante una época sólo hacía papeles de niño. ¡Con veinte y con treinta y tantos años! Soy una persona que ha vivido feliz.

- No se ha cerrado a nada.

- Bueno, soy soltero. Pero la naturaleza es sabia. Es como si una persona no pudiera comer por una malformación y la naturaleza no le diera apetito. Verá, yo no me opuse a crecer más, como Peter Pan. Fueron la tiroides y la hipófisis las que se encargaron de eso, seguramente a causa del impacto de la guerra civil en la gestación. Sin embargo, hablé pronto. Y hablé muy claro.

(EL PERIÓDICO - 8 Octubre 2002)

6.10.02

EL INTOCABLE "SAN" SARDÁ





Nadie se atreve a criticar en público al «marciano» con más éxito de la televisión. Él se ríe cuando alguien le acusa de hacer telebasura. Cultiva un aire progresista y dice defender la televisión de calidad. Sin embargo, desde sus Crónicas marcianas, Javier Sardá exhibe cada noche la mejor telebasura del país.

Recién estrenada la función extraterrestre, cinco años atrás, Javier Sardá, padre de la criatura, decía a este periódico: «A quienes digan que Crónicas Marcianas es telebasura, les digo que telebasura es su madre». Así que cuando algún periódico osa colocar junto a su programa el maloliente calificativo, el marciano da inicio al show echando mano de los anuncios de contactos del medio en cuestión y los recita jaleado por el público asistente.

Asegura temporada tras temporada que el contenido del programa -vídeos pornos, grescas entre tres grandes hermanas para tratar de averiguar cuántas de ellas son lesbianas, un escatológico cara a cara entre otros dos ex concursantes (y ex pareja) para arreglar cuentas sobre la afición de él a la masturbación- forma parte de un guión «transgresor y progresista».

Se dice que a Javier Sardá hacer Crónicas Marcianas le ha costado un montón de amigos y de colaboradores, decepcionados porque hubiera convertido un ambicioso proyecto con trasfondo periodístico («no abordaré temas que puedan resultar ofensivos o molestos»,«jamás pecaré de chabacanería y mal gusto», decía en la presentación de Crónicas Marcianas), en un morboso show cada vez más subido de tono. Y que frente al calado de los protagonistas de las primeras temporadas (Josep Borrell, Imanol Arias, Juanjo Puigcorbé, Juan Echanove, Charo López, por citar algunos, figuraron entre los invitados), hoy la mesa del plató está copada por especialistas en el arte de la bronca, salidos, fundamentalmente, de la factoría Gran Hermano.

Pero si se pregunta a quienes han trabajado codo a codo con él, la bestia se transforma en un monstruo televisivo de ética intachable y currículo profesional sin mancha. No hay lugar a críticas.«Eso de que Sardá tiene enemigos y que con el equipo hay mal rollo es una leyenda. No encontrarás a nadie que haya estado con él y critique su trabajo», dice Juan Carlos Ortega, guionista, compañero de Javier Sardá durante 10 años: La Bisagra (RNE), La Ventana (SER) y la primera etapa de Crónicas Marcianas. «Que yo sepa nadie ha abandonado el programa por estar en desacuerdo con sus contenidos. Creo que he sido el único, y me fui por motivos profesionales», añade.

Otro sondeo entre los que estuvieron con él y ya no están y otro derroche de alabanzas. Se le cae la baba a Teresa Berengueras, colaboradora de Crónicas Marcianas la temporada pasada. «La mejor manera de hacer periodismo es sin duda la de Sardá. Yo he trabajado con los mejores de este país, comenzando por Ángel Casas, Ana Rosa Quintana y todos los grandes. Y, con los ojos cerrados, siempre elegiría a Sardá, hiciera lo que hiciera porque es profesional, trabaja con rigor, sabe el producto que tiene entre las manos y lo hace todo bien: el periodismo serio, el de cachondeo y el de entretenimiento».

Hasta Jesús Caldera, portavoz del PSOE en el Congreso de los diputados, últimamente muy mencionado por Sardá y los suyos (y no precisamente para bien) aseguraba en La mirada crítica que «Crónicas Marcianas es un programa que está bien».

Sea o no de buen gusto el menú que sirve Tele 5 las noches de lunes a jueves, lo incuestionable es que es rentable. Un negocio redondo para las arcas de la productora, Gestmusic, para Tele 5 (imbatible en esa franja horaria desde que Pepe Navarro y su Sonrisa del pelícano pasaran a la historia) y para todo aquel que consigue sitio en la mesa del plató. De los colaboradores, el que menos cobra se embolsa 1.500 euros (250.000 pesetas) por programa. Quienes logran que el audífono alcance las cuotas más altas, como Coto Matamoros o el conde Lequio, cobran 3.600 euros (600.000 pesetas) por jornada laboral. El recién incorporado Antonio David Flores anda por los 3.000 euros. Y a Sardá, llevar la batuta le reportaría unos 18.000 euros por programa.

Cuentan de Javier Sardá (Barcelona, 1958) que es muy madrugador.A las ocho está en pie, pasa una hora en el gimnasio y es el primero del equipo (más de 80 personas) en ponerse a trabajar.Después de comer, se echa una siesta y vuelve al plató del programa para ultimar los detalles de una función en la que, dicen, hay poco previsto. «Eso de que las discusiones están montadas y de que Sardá incita a la gente a que se desnude es mentira», dice un ex colaborador del programa. «Coto y Enrique del Pozo realmente se odian a morir y si se cruzan en los pasillos ni se hablan.La gente se cabrea de verdad, se ríe de verdad y se desnuda de verdad porque le apetece».

Y mientras todo esto sucede a su alrededor, Sardá, de mero observador, como si no tuviera responsabilidad en aquel desmadre. No suele conceder entrevistas y poco se sabe de su vida fuera del plató.Los fines de semana le gusta pilotar su avioneta de cuatro plazas, o navegar en su barco de pescador, o descansar en su casa barcelonesa en Canet de mar... Lo describen como un jefe exigente, pero impecable, un tipo recto al que le gusta controlarlo personalmente todo y que no duda en dar un toque de atención si considera que alguien se está relajando en el trabajo. Y dicen que encaja bien las críticas e incluso ríe cuando lee que su programa es una basura. Eso, San Sardá.

(Ana María Ortiz - EL MUNDO - 6 Octubre 2002)

DIAGNÓSTICO DE ODÍN



Parece ser que el retorno a la temporada televisiva aporta una sola novedad de peso: el aún mayor y grotesco envilecimiento del programa "Crónicas marcianas", que gracias a ello bate récords de audiencia y supera a las otras cadenas. Y conste que no lo critico, sólo lo califico de acuerdo con el cuadro de valores mayoritario, pues no he oído a nadie que contemple dicho programa que lo alabe en ningún sentido, salvo en el de ser el más bestia. O sea, que dichas "crónicas" aciertan al ofrecer el consumo del exhibicionismo de la degeneración personal a través de los juegos de sociedad.

¿En el fondo somos así y nos encanta vernos reflejados sin inquietarnos ni comprometernos? Porque además el programa es de un conservadurismo que aplasta: los juicios que se emiten en él parten de los prejuicios más convencionales, supongamos un homosexual cuya gracia consiste en hacer de mariquita. Pero atención: los anunciantes comulgan con el asunto, creen que sus productos se venderán más arropados por un espectáculo soez. A partir de lo cual se entiende que la gente protestara por los anuncios de Benetton, fuertes visualmente y transgresores en el concepto.

También se trata de un producto español, me aseguran que en otros países tal zafiedad no existe. Además, otros programas intentan emularlo, pero no pueden y se quedan a medio camino en espectadores y anuncios. Sólo en la radio ciertas tertulias de sectarismo político también logran una atención masiva. Aunque sin analizar, sino soltando invectivas trucadas de rígida dialéctica a partir de lugares comunes que se pretenden normas de ética institucional. Y eso con tal abundancia y falta de ideas y rigor como tampoco se produce en otros país. Todo lo cual, ¿debe interpretarse como prueba de una burda idiosincrasia o fruto de una desmadrada y agria coyuntura? En cualquier caso, dudoso. Por suerte, otros programas de radio y televisión son exigentes, de interés.

Ayer hablaba de moluscos. Hoy de la "edda" del gran Snorri Stúrluson, "Skáldskaparmál", con Odín que sale de viaje y se encuentra a nueve siervos segando heno dificultosamente. Les afila las guadañas con una piedra de asperón. Ellos se quedan admirados de cuanto ahora cortan y quieren comprarle la piedra, la cual Odín echa al aire para que sea engañosamente de quien la coja, pues "cuando todos brincaron revueltos tratando de atraparla, se cortaron las cabezas unos a otros al agitar las guadañas". Snorri era islandés del siglo XIII, pero con él ya sabemos qué somos y hacemos los españoles de hoy.

(Baltasar Porcel – LA VANGUARDIA – 6 Octubre 2002)