28.12.01

TELEIMPACTOS DE CRÓNICAS MARCIANAS DEL MES DE DICIEMBRE



Javier Sarda tambien se bajo los pantalones

Ricardo Bofill y Javier Sardá bromean sobre quién tendrá más potencial para cautivar a Paulina Rubio. Boris Izaguirre emula a la cantante mexicana ante la mirada de sus fervientes admiradores.

Coto Matamoros manifestó en Crónicas su desacuerdo con la decisión del Príncipe: “Por encima de todo es una persona y tiene todo el derecho del mundo a seguir sus sentimientos y ser feliz. Creo sinceramente que se ha perdido una oportunidad de oro en el futuro de la monarquía. Hoy nadie piensa en la pureza de sangre. Don Felipe puede convertirse en una persona melancólica que añore toda su vida lo que pudo ser”.

Sardá retó a Boris: “Si te bajas los pantalones, me los bajo yo”. Y para sorpresa de todos, cumplió su promesa.

Carlos Latre se disfrazó de Jesús Quintero. Los marcianos le pedían que hablara, pero él se negaba. Al final, le preguntó a Boris a qué sabía la carne humana. Éste contestó: “A polla, ¿no?”

En el programa del martes llegó el turno de Fernando Ramos y sus vídeos, así que Javier Sardá le presentó.
­Fernando, ¿qué nos traes hoy? ­Bueno, como dijo la novia de Dinio cuando le vio desnudo, “no sé si me va a caber todo”. Y es que hoy vengo con bastante material.

El colaborador de Crónicas probó la anatomía de una joven y verificó que era auténtica… Nada de silicona. Eran unas tetas estupendas, un poco caídas, eso sí. ¿Y qué pasó? Pues he decidido que para el 2002 me hago macho.

Lequio en Crónicas Marcianas afirmó que la crisis venía de lejos: “Quince días antes de casarse, Fran echó un polvito con Maribel Sanz. Me lo dijo ella. Y yo no miento nunca”.

Coto demanda a Lydia Lozano. El colaborador de Crónicas acusó a Lydia de montar fiestas con famosos, y cobrar por ellas a cambio sacarles en la tele. “Me acusas de montaje con lo de Carmina, y te vas a enterar. Te voy a meter una querella. Me vas a tener que pagar las vacaciones de mis hijos… y a lo mejor un coche nuevo.”

La “primera vez” de Boris. Fernando llevó al plató a una señorita para que Boris y Sardá averiguaran si tenía silicona. Boris se lanzó. “Esto hay qué probarlo, ¿no te importa, verdad? Estoy encantado de conocerte. ¡Qué sensación! Es bellísimo. ¿Puedo volver a tocar?” Sardá: "No, Boris, ya está claro que son naturales".

(TELEINDISCRETA – 28 Diciembre 2001)

16.12.01

POR CULPA DE LA TELE



Como el día de más de los años bisiestos - se trabaja pero no se cobra - . Normalmente, me levanto alrededor de las siete y media de la mañana, después de escuchar al despertador y haberlo apagado dos veces. Es curioso lo del despertador. Me autoengaño por temporadas: una temporada pongo el aparato a la hora límite para levantarme. Me digo: así duermo el máximo tiempo posible, con lo cual, mi cuerpo lo notará. Otras temporadas, sin embargo, me ocurre lo contrario: como "salta" cada siete minutos, lo pongo veinte minutos antes de la hora "límite" y, cada vez que suena, disfruto pensando en que aún puedo apagarlo otra vez y así seguir otro rato durmiendo. Ahora estoy en esa fase, de "estiraeltiempo", pero tanto en una como en otra, padezco verdaderos ataques de modorra y sueño a lo largo de la jornada, y de manera casi descontrolada, después de comer.

Siempre he sido dormilón, lo reconozco. Toda la vida me ha costado madrugar y sé que nunca dejará de ser un suplicio que me acompañará sin cansarse. Ocurre, que todo el encanto, que con tanta generosidad y abundancia me ofrece la cama en los amaneceres, se vuelve contra mí por las noches, en las que hasta la una de la madrugada, como mínimo, me declaro enemigo acérrimo de Morfeo. Soy, pues, ave nocturna con el pecado añadido de tener televisión en el cuarto. Alterno, casi a diario, la contemplación del dichoso aparato con alguna lectura, generalmente, de Prensa.

Puestos ya en antecedentes, y sin que me sirva de excusa, confieso ante ustedes que - aunque a trozos - veo "Crónicas Marcianas". Lo digo con cierto rubor, porque entiendo que muchos días no es para menos. Soy uno más de esa pléyade de españoles que a esas horas de la noche - gracias a Dios que vivimos aquí y bendita hora de diferencia, lo digo por el sueño - conecta con Javier Sardá.

A este gran comunicador, periodista y buen profesional de los medios, se le escapó, hace ya tiempo, el asunto de entre las manos. Por mucho que domine el cotarro que allí se desenvuelve. Se está dejando guiar, como única referencia, por los datos de audiencia y la buena paga, y eso no es garantía de calidad ni de buen hacer. La tele no es un club privado en el que entran sólo los elegidos o los preparados. La ve todo el mundo, pequeños y mayores, listos y torpes.

El señor Sardá se ha rodeado de una serie de personajes que pocas lecciones tienen que dar a nadie aunque, precisamente, la predicación sea su papel en el programa. Vemos y escuchamos a Lequio hablar de respeto y fidelidad con las parejas; a Boris, de protocolo y saber estar; a Enrique del Pozo, dando muestras de ingenio, arte y glamour; o al mismísimo Matamoros, como abanderado de la honestidad, del trabajo y de la ética profesional. ¡Manda castaña!

El caso es que no hay cristiano que al día siguiente no sepa de qué ha ido el programa - incluidos los que "no lo ven" - . Nos va la marcha. Definitivamente. Es de todos conocido que, en las encuestas sobre televisión y en cuanto a la tipología de los programas que nos gustaría que se emitieran, respondemos: documentales, programas culturales, pedagógicos... La realidad objetiva, que transmiten los índices de audiencia, nos tira las encuestas a la cara. Mentirosos y falsos como Judas. No los ve nadie. Es aquello de la apariencia, de las vergüenzas. De la mano delante de la cara para no verlo... pero con los dedos separados para no perdernos nada.

Hoy, un día de tantos, me propongo no caer más en la tentación. Me ayudaré del empacho y hartura de los desnudos de Boris, de la ñoñez y las "colgaderas" de la Ordóñez, de los morros de la Berrocal, de la chulería de Matamoros y de la madre que los parió, que ninguna culpa tendría la santa mujer. Me cambio a la bruja Lola. ¡Olé, qué arte!

(Alejandro de Bernardo - EL DIA – 16 Diciembre 2001)

15.12.01

A GRITOS



Javier Sardá ha decidido salvar a gritos su cuota de audiencia frente a la apoteosis cantora que vive la televisión. Con el éxito de Operación triunfo se ha visto obligado a modificar ligeramente su horario para escabullirse de las potentes artes de su competidor que, en términos económicos, es él mismo, puesto que la productora, Gestmusic es la que vende a TVE y Tele 5 tanto el remedo canoro de Gran Hermano como Crónicas Marcianas.

Para pelearse con las canciones, tiene a Coto Matamoros, que está dispuesto a llevarse por delante al alicaído Boris Izaguirre, cuyas bajadas de pantalones han dejado de ser motivo de escándalo y de comentario, y a todo el que se ponga por delante. Si ahora el público está por sentirse arrebatado por un mal remedo de Fama, sólo le cabe a Sardá elevar el tono de las polémicas banales para que el público lo oiga.

Por si no tenía bastante competencia con la cuadrilla de Nina, la instructora de la Academia y una mujer que demuestra a diario el buen ojo que tenía Xavier Cugat a la hora de apadrinar señoras con futuro, el jueves Antena 3 emitió la gala de los premios Amigo en la que actuaron Estopa, Paulina Rubio, Carlos Vives y un largo etcétera de cantantes en español de las dos orillas del Atlántico. Con ese panorama, no le cabía a Sardá más remedio que hacer valer al vociferante Coto Matamoros que, junto a Sandoval, Massiel y Enrique del Pozo, están dispuestos a imponer a gritos sus controvertidas opiniones sobre la familia de la Duquesa de Alba mediante soldada.

El supuesto ligue de María Eugenia Martínez de Irujo y la crisis matrimonial de Cayetano dieron pie anteayer para que, como manda el guión y viene siendo habitual, Matamoros y Enrique del Pozo se dirigieran el uno al otro como si fuera verdad que se odian.El vídeo, que se grabó en un bar de Sevilla para alimentar el increíble mundo de las noticias (mal llamadas, del corazón), provocó un interés mayor que el de Bin Laden, difundido por el Pentágono para convencer a la gente de que, si aún no han cogido al terrorista más buscado del mundo, lo que sí parece demostrado es que es el malvado culpable de la tragedia de las Torres Gemelas.

Pero, si Sardá quiere salvar, a toda costa, a su fiel ejército de cotillas vociferantes, la mejor manera es ponerlos a dar voces para llamar la atención de la audiencia. Discutir a gritos ha sido una fórmula que siempre le ha dado buenos resultados a Javier Sardá, pero quizá, en estos momentos, el público se decanta por estilos más amables. Es lo que hace TVE, ya sea con el programa de Concha Velasco y Freixenet, o con el de Carlos Dávila que aplica un Tercer grado light a Jesulín.

(Encarna Jiménez – EL MUNDO – 15 Diciembre 2001)

1.12.01

BOICOT A MARTE



Las buenas intenciones de las cadenas me emocionan. De entre mi depravación afloran emociones que ya creía perdidas: la bondad, la generosidad, el amor... Ves cómo dedican sus recursos para hacer galas solidarias, o cómo emprenden campañas quijotescas tipo 12 meses, 12 causas en Tele 5 y a uno se le abren las carnes y le entran ganas de asistir a huerfanitos, inmigrantes o leprosos. Y si esto me ocurre a mí, que soy un malvado sin escrúpulos crítico, dicen algunos, pienso en lo que ocurrirá con las almas cándidas que lloran al ver Cuéntame. Es por esta declaración de principios que hacen las cadenas por lo que aún contrastan más aquéllos espacios que alardean de mal gusto o los que traicionan esos conceptos grandilocuentes. Y el mejor ejemplo es Crónicas marcianas, que cumple ambos requisitos.

El proyecto original de Javier Sardá ya no existe; sólo queda su innegable capacidad de titiritero, ese talento para mover discretamente los hilos que sostienen a los muñecos. Aunque ya ni eso, porque el circo se le ha ido de las manos. Con Fuentes desaparecido, con Boris gimoteando bajo su ala, con los colaboradores de siempre Galindo, Mariano Mariano, etcétera ninguneados, el único recurso que ha encontrado Sardá ha sido el de ceder los mandos del aparato a una caterva de talibanes mediáticos que está a punto de estrellarlos a todos.

Es duro que una panda de muchachos con algo de talento te haga morder el polvo una y otra vez la noche de los lunes. Lo sabemos.Es triste incluso. Pero tampoco es la primera vez, así que es difícil comprender que consienta intervenciones que son, literalmente, de Código Penal. Las acusaciones de malos tratos vertidas por Carmen Ordóñez contra uno de sus maridos convirtieron el plató en un patíbulo y las cámaras en una horca. A no ser que Sardá que tantas Tamaras y Dinios nos ha endiosado planee el poner de moda pegar a las famosas.

Hace tiempo que he dejado de ver Crónicas marcianas. Me cansan los insultos, los chismorreos a voz en grito, las naderías que se ventilan. Sencillamente, estoy harto. Y creo que muchos de ustedes también lo están, pero lo que ocurre es que no hay mucho más donde escoger. Pese a esto, creo que ha llegado el momento de poner nuestro granito de arena y, con toda determinación, decirle a Sardá que se equivoca y que nos sentimos estafados.Por tanto, les pido, les ruego incluso, que cambien de canal o se dediquen a otras actividades antes que continuar apoyando un espacio que ya ha entrado de lleno en lo miserable. Y no se apuren si lo conseguimos. Lo más seguro es que a Sardá también le estemos haciendo un favor.

Me acabarás debiendo un favor.

(Javier Lorenzo – EL MUNDO – 2 Diciembre 2001)