17.8.01

EL HURACÁN PAULINA ARRASA EN CRÓNICAS MARCIANAS, DONDE COMENTARÁ LA ACTUALIDAD SOCIAL



Paulina Rubio, la baza de Javier Sardá

Paulina Rubio no tiene pelos en la lengua y sí un fuerte carácter que dará mucho juego en las locas noches de Javier Sardá.

Siempre supo lo que quería hacer: cantar. Con lo que quizá no contaba Paulina Rubio es con enamorarse de un español, Ricardo Bofill jr., y convertirse en una estrella en nuestro país. Sin embargo, a ella no le gusta esta definición –“Me convertí en famosa cuando nací, porque mi madre es una actriz muy conocida en México, y yo prefiero considerarme artista, nunca estrella”–, aunque el éxito de su último disco y algún que otro escándalo provocado por su carácter impetuoso y rebelde, a pesar de haberlo tenido todo en la vida, vengan a adornar su nombre con los destellos de la mejor fortuna.

Paulina Rubio, la baza de Javier Sardá

Javier Sardá, descubridor de talentos como nadie, ha visto en ella el fichaje de la temporada para sus encendidos debates sobre la actualidad social. Paulina, que está acostumbrada a estar en boca de la opinión pública, dará mucho juego porque dice sin tapujos lo que piensa. Va en su carácter: “Para mí es una necesidad poder expresar lo que soy, lo que siento; además, no echo de menos tener más vida privada porque nunca la he tenido, no sé lo que es ser una persona anónima”, aseguraba recientemente la artista. El “huracán mexicano”, como llaman a la cantante, va a ser la reina de la semana en televisión. Además de estrenarse en Crónicas marcianas, será el hilo conductor de un reportaje de investigación que emite Tele 5 el jueves 20, y que versa sobre el negocio de la prensa rosa de baja estofa. Todo comienza con un infiltrado, que durante un tiempo se hizo pasar por ex novio de Paulina, “título” que ella negó ante la prensa –“y con razón, porque era mentira”–. A partir de ahí, se descubrieron los entramados de un tipo de negocio poco limpio. Tras el reportaje, es probable que la propia Paulina relate su experiencia al verse envuelta en las patrañas del caradura...

A pesar de los reveses que ha tenido por su tempestuosa y zozobrante relación con Ricardo Bofill, por sus públicas muestras de amor-odio-celos, y por su deslenguada actitud en según qué situaciones, Paulina es una mujer de ideas firmes para la que no existe la marcha atrás: “No lamento nunca nada de lo que hago, porque todo sirve para aprender y disfrutar; la vida es una escuela”. La suya, en lo que a su preparación como artista se refiere, comenzó en los años ochenta como líder del grupo juvenil Timbiriche, en su país. Trabajó como actriz en varias telenovelas, en cine, y como presentadora en el programa de Antena 3 Vive el verano. Paulina se ha instalado en España. Y no puede pasar desapercibida...

(Elisa Llanos – TELEINDISCRETA – 17 Agosto 2001)

8.8.01

MARTÍ GALINDO: «SE HABLA MÁS DE GALINDO POR MÍ QUE POR EL GENERAL»



Barcelona. En el entresuelo de la calle del Planeta número 13 (¿puede un miembro de Crónicas Marcianas vivir en un sitio más ad hoc?) retumbaba Puccini aquel asfixiante miércoles por la tarde. Apareció Martí Galindo, rodeado de discos de vinilo, cintas de vídeo, libros y premios. Se sentó en el sofá, posó casi con ternura para el fotógrafo y, tras algunas dudas, rompió a hablar. Y fue difícil pararle.

P.- Dije a tres personas distintas: «Me voy a entrevistar a Galindo». Las tres creyeron que era el general Galindo. ¿Siente celos?

R.- Huy, no, no, incluso le voy a contar una anécdota. Al principio, cuando empezamos el programa, Sardà me dijo que en antena me iba a llamar Martí, y no Galindo. Luego se arrepintió y dijo que mejor Galindo. Bueno. Entonces, un día, en las Cortes, Barrionuevo le preguntó a la diputada Anna Balletbó, que venía al programa: «Oye, ¿tú sabes si Sardà le ha puesto el nombre de Galindo por lo del general?», y ella le dijo que no, claro. Ahora, está claro que actualmente se habla más de Galindo por mí que por el general... (risa nerviosa)

P.- Viniendo por el barrio de Gràcia, por la calle del Planeta, y, la verdad, andando por cualquier calle de este país, uno piensa: ¡cuántos bares! ¡qué sed tiene España! ¿Demasiados bares?

R.- Yo creo que sí. Sólo en esta plaza hay 11, dos más en mi calle y en la de enfrente hay otro. O sea, en una pequeña porción de ciudad hay 15 o 16 bares. Cuando dije el pregón de las fiestas de Gràcia en 1998 dije que había demasiados. Se cabrearon un poco, claro. Sí, hay demasiados bares, y también demasiados restaurantes, ¡y no todo va a ser salir de marcha!

P.- Y claro, hay tanto bar, que el personal sopla...

R.- Sí, sí, sin duda alguna, la gente bebe.

P.- La gente joven, bebe... y el alcoholismo juvenil, eso ya es peor, ¿no?

R.- Yo creo que esto no puede ser. Se meten en las tiendas y se compran sus cosas y se hacen sus litronas y sus calimochos y esas cosas... y en muchos sitios les venden alcohol, aunque por edad no deberían. Bueno, es que yo una de las cosas que penaría más -aunque no soy de juicios, ni de condenas, ni de cárceles- es la corrupción de menores. Porque lo de la droga en la puerta de los colegios, por ejemplo, eso es horroroso. Les incitan a los chavales, les hacen coger velocidad y, como está visto que la gente necesita cosas para pasárselo bien, pues...

P.- ¿Y usted? ¿Necesita usted cosas?

R.- Yo no tomo ni café. Y vivo bien.

P.- Los paraísos artificiales están cotizados, esta claro, ¿es que ya no hay paraísos naturales?

R.- Si los sabes buscar, claro que sí. Pero es de otra forma.

P.- Con usted en el Gobierno, ¿se legalizarían las drogas?

R.- ¡Pero en todas partes! Porque si no, igual que se crean paraísos fiscales se crearían paraísos de la droga. Pero sí, sin duda habría ventajas, porque de entrada se echaría a toda esa gente que vive de esto. Pero pasa como con el tabaco: no consiste en ponerlo más caro, sino en hacer comprender que es fatal.

P.- ¿Qué concepto tiene usted del ligue? Aquí, el que no es por lo menos un poco ligoncete, pasa por soso...

R.- Ah, pero es que este es el país de los donjuanes, ¿no lo sabe? España es muy de donjuanes, eso no se lo inventaron los escritores.

P.- Sí, otra cosa es que el donjuanismo conlleve siempre la felicidad. ¿Usted ve feliz a la gente, señor Galindo?

R.- Pues no lo sé, esto, porque la gente tiene sus problemas aquí y en todas partes del mundo, y hay gente agusto y gente que lo pasa peor: ahora bien, se habla del Tercer Mundo, y eso ¿qué quiere decir? A mí esas palabras no me gustan nada, ¿qué quiere decir eso del Tercer Mundo? Como lo de la tercera edad... ¿qué es eso? Que digan ancianos, que digan viejos, porque dicho con respeto no pasa nada.

P.- Felicidad: qué hipérbole, ¿no?

R.- Sí, y a veces la confundimos con otras cosas, con la salud, por ejemplo. La salud es muy importante, ¿eh? Porque van saliendo enfermedades nuevas, y eso... A finales del siglo pasado sólo se hablaba de la tuberculosis. Ahora es el sida...

P.- ...que lo ha cambiado todo.

R.- Sí, es muy doloroso, sobre todo cuando sabemos que salió por cosas de tipo científico, vamos, por culpa de gente que ha hecho cosas que no tenía que haber hecho. Mire, todos sabemos que hay enfermedades que no salen porque sí, sino que surgen en sitios especiales, lugares en los que hay centrales nucleares, etcétera.

P.- ¿Ecologista?

R.- Hombre, en plan fanático no, pero está claro que a la naturaleza hay que cuidarla más, hay que tender al ecologismo. ¡Y fíjese lo de la globalización! Allí había gente pidiendo cosas normales y lógicas, y les salen con balas y porrazos: eso fue impresionante. Está claro: queremos ir hacia adelante en una serie de cosas, pero hacia donde tendemos a ir es hacia la derecha otra vez. Y los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Al Primer Mundo le va muy bien con el Tercero. La Humanidad va mal, fatal.

P.- Madrid/Barcelona: ¿dos planetas distintos o dos caras del mismo planeta?

R.- Pues vaya, han tenido sus más y sus menos, en lo político pero sobre todo en lo deportivo, por el fútbol. Bueno, y claro, luego está el tema de Cataluña y el señor aquel...

P.- ¿Qué recuerdos tiene de el señor aquel, como usted le llama?

R.- Bueno, por nombrarlo de alguna manera porque, para mí, de señor no tenía nada. Está claro que no le gustaba que se hablara en catalán, ni el euskara en el País Vasco, aunque hoy haya quien diga que el español no se impuso. Bueno, el castellano, porque yo prefiero decir castellano que español, porque en España existen varios idiomas. Me acuerdo de ir por la calle con mi padre hablando en catalán y cómo un señor -que sería falangista o algo así- nos dijo: «¡Hablen en cristiano!». Bueno, algunos aún creen que Cristo hablaba en castellano...

P.- Ha nombrado usted el fútbol. Asunto de Estado. Tema sagrado. ¿No se ha convertido un poco en una paletada este país con la asfixiante presencia del fútbol?

R.- Sí, pero sobre todo en un gran negocio. Porque a mí me parece muy bien que se hable del Barcelona... ¡Pero es que los jugadores tendrían que ser DE Barcelona! Y los del Madrid, DE Madrid. Hubo un momento que el Barça era Holanda pura...

P.- Sólo el Athletic de Bilbao mantiene la pureza en ese sentido...

R.- ¡Pues a mí me parece muy bien!

P.- ¿A usted le parece que éste es un país racista?

R.- Escuche, si a la gente le pregunta directamente si es o no es racista, pues todo el mundo dirá que no. Pero todos tenemos algo de racistas...

Pie de foto titulada

Como en casa, en ningún sitio.- La popularidad no es la condición que mejor lleva Martí Galindo. Le agobia, le asusta, le saca el mal café. «Aunque es inevitable», admite. Pero, por si acaso, nada de bajar a las repletas calles y plazas del populoso barrio de Gràcia para hacerse las fotos. «Imposible, se armaría un lío enorme», avisa. Ahora se va de vacaciones a un pueblecito de Tarragona: «Tampoco salgo casi de la casa, desde que me enteré que la Policía Municipal me seguía para evitar tumultos», asegura.

(Borja Hermoso - EL MUNDO – 8 Agosto 2001