12.12.99

XAVIER SARDÁ ENTREVISTADO POR POR JULIA OTERO



Javier Sarda

Cuando Sardá abre los ojos cada mañana, en Tele 5 ya han comprobado que sus Crónicas marcianas resisten con salud el paso del tiempo. Y van cerca de 400 noches. La presión será mucha, pero este hombre parece más libre que nunca: goza viendo gozar, dice lo que le da la gana y planta cara a los que le aconsejan otros caminos: "Que no me digan lo que tengo que hacer, que analicen qué objetivo pretendo y si lo consigo o no". Se le pone cara de criatura en día de Reyes cuando habla de volar: "No es explicable, sentarse a los mandos de una aeronave y levantar el vuelo es sensacional". Y este último adjetivo le sale con tono de señor Casamajor.

- Bueno, vale, de acuerdo, los Reyes son los padres, pero ¿era necesario contarnos quién es el señor Casamajor?

- Hace dos años y tres meses empecé un programa de televisión que continúa diariamente; por tanto, todo el mundo tiene que acabar haciendo todo lo que sepa hacer.

- Por cierto, aquello ¿qué fue? ¿Un suicidio, un homicidio en grado tentativa o un ajuste de cuentas?

- Nada de ajuste de cuentas. Es como si le preguntaran a un futbolista si tiene envidia de su pie izquierdo. Forma parte de mí.

- A los niños precoces en el lenguaje les dicen: "Habla como un viejo". ¿Usted fue así?

- No, a mí me ponían encima de la mesa e imitaba a Dalí y a Rodríguez de la Fuente.

- ¿En qué nota que está mayor?

- En que estoy mejor. Ahora consigo doblegar mi parte temperamental y sufro menos.

- Su capacidad de seducción, ¿tiene algo que envidiarle a la del conde Lequio?

- Nada (risas). Le estoy dando clases particulares.

- ¿Es un hombre fácil? ¿Qué posibilidad de fracaso tiene una mujer que se proponga llevarlo al huerto?

- Soy muy fácil de pensamiento y estoy aprendiendo a serlo menos de acción. Me gustaría vacunarme o contra la necesidad de afecto o contra la capacidad de que me guste otra mujer que no sea la que está conmigo.

- Cuando se prueba la pasión, ¿se condena uno de por vida a seguir buscándola?

- La pasión es estupenda, pero peligrosa.

- ¿Trabaja por necesidad o por gusto?

- Trabajo por dinero. Es saludable que la gente trabaje para ganarse la vida y no para realizarse. Me encanta ganar dinero porque es la forma de comprar tiempo en el futuro.

- ¿No me diga que amenaza ya con retirarse?

- Tengo ganas de renacer al mundo de la gente normal, dejar de examinarme y dar la cara a diario. Quiero que los domingos sean sólo depresivos, no depresivos y terroríficos como los míos. El ritmo de un programa diario es devastador.

- ¿Cuántas Crónicas le quedarían si Telefónica comprase su tele?

- Poquitas, aunque creo que el señor Villalonga tiene en este momento otras prioridades que comprar más medios.

- ¿En qué palacio hay más sentido del humor?

- Creo que en La Zarzuela, y puede que en La Moncloa, aunque no por parte del presidente.

- La tele que hace, ¿es la que le gustaría hacer?

- Esto me lo preguntó el príncipe Felipe el otro día... (risas).

- Bien, me lo tomaré como un cumplido, ¿qué nos contesta?

- (Risas). Hago la televisión que quiere la gente, pero como quiero yo. En el cómo está la madre del cordero, el elixir, la tendencia, el aroma...

- Es inteligente y sensible. ¿Con semejante lastre cómo domestica al share?

- Es usted muy amable. Si eso es verdad no es un lastre, sino una ventaja. La gente agradece la sensibilidad y no quiere ser tratada como gilipollas.

- ¿Qué pinta tiene un audímetro?

- No lo he visto nunca, pero creo en ellos, en la coherencia interna de los datos que ofrecen a diario.

- ¿Soportarían los colegas de la prensa escrita que desde la tele se criticase su trabajo?

- De la noche a la mañana no, sin duda. Saber que sus artículos serían expuestos a la critica desde todas las televisiones les quitaría el sueño.

- ¿En qué va a notar el efecto 2000?

- En el milagro de estar vivo. Los de nuestra generación nos preguntábamos de niños cuántos años tendríamos en el 2000 y nos parecía que seríamos muy mayores. Pues ya llegó.

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(Julia Otero – EL PAIS SEMANAL – 12 Diciembre 1999)