3.8.98

ERMITAÑO ROMAGUERA: “TODO SACERDOTE QUE COBRA NO ES SACERDOTE LEGÍTIMO, ES BASTARDO”



Salvador Romaguera (Alcàsser, 1932), cambió un día las botas de fútbol por una austera vida de ermitaño basada en la oración, el trabajo y la penitencia. Sin embargo, 38 años después, el hermano Romaguera se ha convertido en un fenómeno mediático, una estrella de la televisión, por sus apariciones en el exitoso espacio Crónicas Marcianas que dirige Xavier Sardà.

Allí, vierte su crítica (incendiaria para algunos) visión del papel de la Iglesia y su doble moral. Y lo hace porque, según él, la televisión es el mejor camino para hacer cumplir el mandato que Dios le ha encomenadado: "Misiona mi iglesia". En una de las dos ermitas que tiene en Benigànim (La Vall d"Albaida), bendice la entrevista, se santigua, y comienza a predicar.

Pregunta. ¿Cómo se conjuga la vida de ermitaño con la de estrella de la televisión?

Respuesta. Verá. Yo era futbolista, me iba a casar y era un hombre con todas las alegrías de los veintitantos años. Pero un día, el Señor me llamó y me empujó a seguirle y servirle. El ermitaño auténtico, el llamado por Dios, no el que está bajo la institución, es aquel profeta o seguidor de profetas que lo vende todo, lo reparte todo y se va con una hoja delante y otra detrás, sin nada. Se va al monte a esperar. Y en esa espera es cuando descubre a Dios y cuando baja lo hace como Moisés, que subió al monte y bajó bañado y transformado por el espíritu del Señor para denunciar los pecados del pueblo y quitar las ataduras a esas ovejitas que viven en el mundo.

P. Y la televisión es una buena forma de trasladar ese mensaje.

R. La televisión es una maravilla para el bien y para el mal. Por ejemplo, me dicen algunas personas, sobre todo sacerdotes, que suben a la ermita: "Hermano, usted no salga, usted debe estar en la ermita". Y yo digo: "¡No! Vosotros no habéis llegado a Dios. Si lo hubiérais hecho, saldríais corriendo en busca de vuestros hermanos para quitarles las ataduras que vosotros les habéis puesto". Y por esa razón bajo del monte, para ayudar a mis hermanos.

P. Hace bastante tiempo que usted no acude a ningún programa de Canal 9.

R. Todos tenemos amor propio. Me dieron dos bofetadas y para que me den una tercera no vuelvo. Yo no había ido nunca a un programa de televisión y acudí a Carta Blanca para explicar el tema de la muerte. Me pusieron entre el público y una señora me dijo: "Hermano, no le van a dejar hablar casi". Efectivamente. Comencé a hablar pero el señor que lleva el programa me espetó diciendo que el tiempo era oro y que concluyera. Después, me invitaron a En primera persona y, cuando comencé a explicarme, empezaron a reír y a burlarse. Ni me atendieron. Al final, corté y dije: "Sois unos blasfemos y no tengo que volver nunca más". No soy soberbio, soy humilde, pero cuando prometo una cosa a Dios no me vuelvo atrás. De mí no se ríen más.

P. En Crónicas Marcianas lo que hacen es crear un espectáculo enfrentándole con gente como el padre Apeles.

R. Con el padre Apeles estuvo muy bien porque el hombre reconoció que no pudo con el espíritu de Dios. Ahora, con el que fue una cosa de más fue con Juan Adriansens, que dicen que es del ramo [homosexual] y estaba resentido con una cosa que había dicho yo. Me dijo que estaba loco y nos enganchamos. Para mí, ese hombre no tiene letra ni nada. Es un maleducado que utiliza su analfabetismo para contradecir a todo el que va al programa. Me podría haber puesto a su nivel y decir: "Usted es un maricón corrupto y busca violador, tío granuja". Y lo habría arrasado, pero me hubiese puesto a su altura. La televisión, y contesto así a la pregunta anterior, es maravillosa para llegar a los rincones más profundos del mundo. Escribí al Papa para ir a predicar y evangelizar a la misma Iglesia de Roma, pero de eso hace más de dos años y no me han contestado. Si fuera un político de gran nombradía, me habrían aceptado, pero predico como mendigo y peregrino de la palabra divina de Dios, y digo que no tengan ni dinero ni alhajas. Esas riquezas, que las repartan entre los pobres y los negritos del tercer mundo, pero nada de eso. No lo hacen.

P. ¿La pobreza es el camino hacia la santidad?

R. La pobreza no es que no tengas dinero. Son los menos, porque el dinero embarulla mucho, pero conozco hombres ricos que son maravillosos porque reparten los bienes que tienen. La persona que hace eso es un pobre espiritual. Lo malo es atesorar, guardar y no repartir aunque veas a gente muriéndose de hambre.

P. La Iglesia posee muchos bienes y no los reparte todos.

R. Por eso quiero evangelizarla. Dice Cristo: "Gratis lo habéis recibido, dadlo gratis". Y eso se chafa. La Iglesia dice "a cobrar, dinero y bancos", y los sacerdotes no cumplen el voto de pobreza. Todo el que cobra y no cumple el voto de pobreza no es sacerdote legítimo, es bastardo, porque desobedece a Dios y a Cristo. Los testimonios están en el Éxodo y en el Nuevo Testamento. Los bienes de la Iglesia no le pertenecen, debe ser humilde. ¿Habéis visto en algún sitio a Jesús de Nazaret con sortija de oro o que tenga coches blindados y escoltas? Voy a poner otro ejemplo, como agricultor. Un naranjo se riega y abona para que produzca naranjas. Pero si se arranca, ya no chupa de la tierra y las naranjas se quedan con el calibre que tenían. Cuando Dios se lleva de este mundo a una criatura, es juzgado y sentenciado. ¿De qué le sirven ya las misas? ¿Y por qué los curas ponen cantidad de misas para los difuntos?

P. ¿Se refiere a la costumbre de cobrar por estas misas?

R. Ahí voy. Habéis hecho una Iglesia puta, ramera y descarada, ponlo así. No es la Iglesia de Cristo. Curas, frailes, obispos, cardenales y Papa, a todos los que cobráis, lleváis alhajas y escoltas y no cumplís vuestros votos, os diré: mi Iglesia no es vuestra Iglesia, mi Dios no es vuestro Dios, mi Evangelio no es vuestro Evangelio. Ahí certifico lo que soy. La misa la ha convertido la Iglesia en la gran banca. Me siento un ermitaño llamado por Dios para evangelizar especialmente a toda la Iglesia consagrada y darle la libertad a las ovejitas que tienen conducidas y oprimidas con mandatos que Cristo no ha dicho.

P. Decir estas cosas le debe ganar enemistades.

R. Cristo me dice: "Misiona mi Iglesia". ¿A quién debo obedecer yo, a la amistad o a Cristo? De las personas que me rodeaban he perdido algunas, pero ahora vienen miles a verme, de todos los sitios y especialmente juventud, que es la más difícil de convertir por la Iglesia.

P. ¿Recibe muchas visitas?

R. Hay días que es tremendo. Buscan a Dios, no una Iglesia de dinero que, al cobrar, está muerta, no tiene vida.

P. ¿Los políticos verán el Reino de los Cielos?

R. Si siguen robando y viviendo en el escándalo, no. El gobierno tiene que ser como los padres de familia que sólo tienen en casa un pan y deciden darlo a los hijos. Si el jornal medio en España es de 100.000 pesetas, ellos deberían cobrar 90.000. En esas condiciones se salvarían y el mundo iría de maravilla. Pero la ansiedad, el dinero y el afán de mandar y dominar y a veces de robar los lleva al infierno. Pocos políticos hay sanos de conciencia.

P. ¿Qué opina del Opus Dei?

R. Como criaturas, yo les quiero. Ahora, cuando veo grupos aislados dentro de la Iglesia, no estoy de acuerdo. Desde el primer papa hasta el último, no se debería haber permitido ninguna orden. Cristianos de Evangelio y basta. Se crea una situación de segregación, de separación en la Iglesia entre más auténticos, más listos... Nada de eso. Se ha de estar con los más pobres y necesitados y con todas las ideologías y creencias, porque todas tienen riqueza. Es más lo que nos une que lo que nos separa.

P. ¿Qué es más difícil, el voto de pobreza o el de castidad?

R. Ninguno de los dos es difícil. Cuando el hombre, creyendo en Dios se entrega, todo es bueno. Cuando después de ocho años dejas una novia, como yo, te vas sangrando. Pero cuando llegas a la sierra y te entregas a Dios, por más que te llame la voz del pasado siempre dices "no". Se abre el porvenir y Dios te habla, porque yo he tenido comunicaciones directas. Te conviertes en una criatura de todos.

P. ¿Cómo ve que la Iglesia anule matrimonios por dinero?

R. No hay nadie en el mundo, ni papa ni cardenal, que pueda anular ningún matrimonio. Lo que Dios une, que no lo separe el hombre. ¿Cómo se puede anular eso? [Y, a modo de resumen, canta una canción]: Germà seglar, si al cel vols anar/un milió de duros te té que costar/germà seglar, si al cel vols anar/al senyor retor un milió de duros li tens que pagar...

(Xavier Aliaga – EL PAIS – 2 Agosto 1998)